Con amigos, de política mejor ni hablar

Un día esa reunión de viejos y entrañables amigos dejó de ser la misma. Luego de una fuerte discusión entre Emiliano, un simpatizante kirchnerista, y Pablo, crítico del Gobierno, dos sillas permanecen vacías. El resto no dice nada, pero extraña a sus compañeros de toda la vida. Su caso no es una excepción. En los últimos años, las discusiones políticas entre amigos, familiares, compañeros de trabajo y hasta parejas abrieron heridas en las relaciones que en muchos casos son difíciles de cerrar.

Aunque aquella regla tácita de no hablar de política ni de religión en reuniones sociales es muy antigua, lo cierto es que en los últimos tiempos se ha roto sin que nadie se lo hubiera propuesto. Y de la peor manera. Ocurre de las formas menos pensadas. Apenas alcanza con que una palabra caiga sobre el combustible de la actualidad política argentina para que todo arda.

Lo siguiente ocurrió hace una semana. El escenario: un asado entre amigos. La temperatura, muy frío afuera, muy, muy caliente adentro. “¡Daaaale! ¡Qué vamos a estar mejor que Europa! No ves que acá…”. “Digo que ellos están aplicando las mismas recetas que se utilizaron acá y…”. “Este gobierno es de derecha dictadora fascista y lo alimentan cada día…”. “No tenés argumentos serios, Gustavo, y eso que hay puntos flojos de este gobierno, pero el punto común de los opositores es que no se les cae una idea.” “Está lleno de ideas, pero no las escuchás porque no te dejan.” Gustavo y Miguel terminaron ofuscados. No quieren dar sus apellidos para no quedar como “denunciantes” del otro o “pegados” a un “bando” político. Pero la realidad es que ninguno tiene ganas de vivir otro momento difícil.

“No sé si voy a volver a una reunión con Miguel, que conozco desde hace 20 años, porque hace tiempo que venimos con esto de chicanearnos con política y terminamos mal”, confesó Gustavo un día después.

En una convocatoria en la página de Facebook de LA NACION www.facebook.com/lanacion ) se publicó la pregunta acerca de si alguien había participado de peleas entre amigos o familiares por temas políticos. Obtuvo en dos horas 357 comentarios; 24 horas después ya eran más de 500.

Lo que sigue son algunos ejemplos de estos comentarios:

Moni: “Mis hermanas y cuñados ya no me tratan por ser anti-k”.

Marcelo: “En mi ámbito social hay gente que sólo tiene odio para entregar, cacerolas para destituir e ideales egoístas, yo no discuto, por lo general no hablo con las paredes, pero aclaro que sé elegir mi entorno, y las personas con las que me rodeo son buena gente. En mi círculo diario y social no hay anti-k, sólo hay algunos que no adhieren al modelo; los anti lo que sea no son parte de mi entorno (excepto los anticipayos, los antiprodictadura, y los antioligarcas)”.

Patricia: “Me pasó de ir visitar a un amigo que vive con la novia y me advirtió que no hable mal de los K porque ella se iba a enojar”.

Lidia Noemi: “Por desgracia sucede. Familiares no, pero amigos se alejaron y, si hoy me ven, creo que cruzan de vereda”.

Manuel: “Sí, lamentablemente con algunos amigos cuando aparece alguna cuestión política alguien enseguida cambia el tema, si no, termina mal. Los K son muy cerrados y no admiten grises, no se puede ni dialogar”.

Adolfo: “Me pasó, pero ¿qué extrañan? ¿Gobiernos como los de Menem, De la Rúa o Alfonsín, o quizás Onganía o Videla o lo que hay en España o en Grecia?”

Juan Manuel García Bellande, 36 años, trabaja en sistemas. Fue uno de los que comentó en la convocatoria de LA NACION en Facebook y, por ello, se le consultó para que ampliara su visión. “El roce que más recuerdo fue por la 125 [el conflicto con el campo]. Después del teatro fuimos a comer y uno de los que estaba en la mesa empezó a monopolizar la conversación atacando a las personas del campo y protegiendo el modelo. Yo, que me crié en Bahía Blanca, conozco el tema del campo mucho mejor que ellos. Cuando hice un comentario para justificar las acciones del campo, sentí que la mesa entera saltaba a mi yugular”, relató a LA NACION.

DE REOJO

Alan Laursen, de 24 años, también vivió momentos de zozobra por el mismo tema. “Me considero una persona diplomática y democrática, pero en ciertas ocasiones estas actitudes conflictivas me han chocado mucho y mal predispuesto con personas que, por ahí son kirchneristas, pero igual de diplomáticas que yo. Uno, ya acostumbrado a ese nivel de agresión y conflicto, empieza a mirar de reojo al otro, y eso termina siendo lamentable para las relaciones humanas”, reflexionó.

La frecuencia de las peleas entre familiares y amigos sucede aun entre personas de probada tolerancia que hasta crecieron en estructuras familiares y educativas muy similares. Incluso amigos de toda la vida con un pensamiento concordante sobre los grandes asuntos públicos.

La sensación generalizada, más que de “intolerancia”, podría definirse como de “incomprensión” mutua. Entre los “creyentes” y los “escépticos”. Los que no pueden creer que su amigo defienda las medidas de “este gobierno” y, del otro lado, los que no pueden comprender cómo un par no acepta las “bondades” de esas decisiones políticas.

“DISCUSIONES INFERNALES”

Gabriel Salamida se define como “ultrakirchnerista”. Vive en Villa La Angostura y los familiares de su mujer, sus amigos desde antes incluso de casarse, son críticos del Gobierno (“anti-K”, en la definición más difundida actualmente, o “gorilas”, en el sentido anacrónico y despectivo). “Son discusiones infernales. En los almuerzos siempre hablamos de política y discutimos muy a fondo, hay momentos en que se pone áspero y las mujeres nos tienen que frenar…

-¿Y no le preocupa que ese clima derive en una ruptura social grave del tipo peronistas-antiperonistas, federales-unitarios…? -le preguntó LA NACION.

-Por sobre todas las cosas está la amistad. Yo estoy convencido del modelo, sobre todo del primer modelo, y veo que pasamos del “no nos metamos” a hablar todos de política. No me asusta porque hoy hay una madurez social muy diferente a la década del 50. Podemos discutir fuertemente de política y después seguir comiendo un asado sin problemas…

A esta altura de los acontecimientos habría que reflexionar acerca de que tal vez el problema no es discernir sobre política con familiares y amigos sino hundirse en la lógica amigo-enemigo que tanto estimula a los profesionales del rubro.

ACTOS DOLOROSOS 

  • Culpa de la 125 . Particularmente desde el conflicto con el campo los debates entre amigos o familiares sobre “el modelo” se volvieron más intensos y frecuentes.
  • En Facebook y en el asado . Las discusiones son habituales tanto en las redes sociales como en reuniones de amigos o festejos familiares.
  • Mejor no verse . Para evitar peleas mayores, muchos optaron por abandonar las reuniones sociales.

Fuente: LaNacion.com| Por Franco Varise

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